Con claridad literaria, fidelidad doctrinal y una mirada que ilumina la
misión de la Iglesia
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Ad Gentes nace del deseo del Concilio Vaticano II de mostrar que la
misión no es una actividad secundaria, sino la expresión misma del amor
de Dios.
El documento quiere que la Iglesia contemple su origen en el designio
del Padre, realizado por el Hijo enviado y animado por
el Espíritu Santo, para que todos los pueblos entren en
comunión con la vida divina.
Su intención teológica fundamental es proclamar que la Iglesia es misionera por naturaleza, porque procede de un Dios que sale de sí para salvar.
El Concilio quiere que los fieles comprendan que evangelizar no es “propagar ideas”, sino continuar la Encarnación:
Por eso Ad Gentes insiste en que la misión es servicio
humilde, pobreza evangélica, caridad concreta
y testimonio de vida, siguiendo el camino del Maestro.
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El documento no busca solo “convertir personas”, sino fundar comunidades cristianas auténticas, capaces de:
La intención es que cada pueblo pueda expresar la fe con su propia
voz, sin perder la comunión católica.
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Ad Gentes quiere renovar la actitud misionera:
El documento subraya el valor del diálogo, la
amistad, la presencia solidaria y la
colaboración con todos los hombres de buena voluntad.
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La intención no es solo orientar a misioneros profesionales, sino convocar a todo el Pueblo de Dios:
Cada bautizado participa en la misión porque ha recibido el Espíritu que
impulsa a anunciar a Cristo.
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El documento quiere que la Iglesia vea la misión como parte del camino escatológico:
Evangelizar es colaborar con Dios para que la humanidad llegue a ser
una sola familia.
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El documento quiere que la Iglesia recuerde quién es:
una Iglesia enviada, nacida del amor del Padre, configurada por
Cristo y animada por el Espíritu, que camina hacia los pueblos no como
conquistadora, sino como hermana, servidora y
testigo de la luz.
Su intención es encender en el corazón de los fieles un fuego misionero que:
Ad Gentes es, en el fondo, una invitación a que la Iglesia respire con los pulmones del mundo entero y deje que Cristo sea conocido, amado y seguido por todos.