Resumen teológico claro, profundo y fiel del decreto Perfectae Caritatis, (clic) vatican.va.
El decreto parte de una convicción fundamental: la vida religiosa nace del
seguimiento radical de Cristo, quien vivió virgen,
pobre y obediente. Los consejos evangélicos no son simples prácticas
ascéticas, sino formas de configurarse con Cristo y de
manifestar en la Iglesia la caridad perfecta, signo del Reino
de Dios.
La consagración religiosa es entendida como una profundización del
bautismo, una entrega total a Dios y a la Iglesia.
La renovación auténtica exige un doble movimiento inseparable:
El criterio supremo es siempre el seguimiento de Cristo. La renovación no es principalmente estructural, sino espiritual, impulsada por el Espíritu Santo.
El decreto identifica un núcleo común a todas las formas de vida consagrada:
El texto reconoce y valora la pluralidad de formas de vida consagrada:
Ocupen un lugar eminente por su oración, penitencia y testimonio silencioso. Su renovación debe preservar su separación del mundo y su identidad contemplativa.
Su acción apostólica es parte de su misma naturaleza religiosa. Toda misión debe brotar de la unión íntima con Cristo y estar impregnada de espíritu religioso.
Debe conservar su espíritu genuino, adaptando tradiciones a las necesidades actuales sin perder su identidad.
Plenamente válida y fecunda en la misión educativa, sanitaria y social.
Viven la consagración en el mundo, siendo fermento evangélico desde dentro de las realidades temporales.
Don de la gracia que libera el corazón para amar a Dios y al prójimo con mayor disponibilidad. Signo escatológico del Reino futuro.
Participación en la pobreza de Cristo. Debe ser real y espiritual, personal y comunitaria, evitando lujo y acumulación. Testimonio profético en un mundo marcado por la desigualdad.
Configuración con Cristo obediente al Padre. Lejos de disminuir la dignidad humana, la lleva a su madurez en la libertad de los hijos de Dios.
La comunidad es signo de la Iglesia primitiva: “un solo corazón y una sola
alma”.
La caridad fraterna es vínculo de perfección y fuerza apostólica. Se pide
superar distinciones innecesarias y promover una auténtica comunión.
La renovación depende en gran medida de la formación integral:
espiritual, doctrinal, apostólica y humana.
Los institutos deben discernir sus obras, conservar las que expresan su carisma
y abandonar las que ya no responden a su identidad.
La vida religiosa pertenece al corazón de la Iglesia. Su misión es:
Perfectae Caritatis presenta la vida religiosa como:
La Iglesia confía en la fecundidad de esta vida, tanto oculta como visible, para la gloria de Dios y la salvación del mundo.