Buscando mis amores iré por esos montes y
riberas ni cogeré las flores, ni temeré las fieras y pasaré los fuertes y
fronteras.
Yo ya no quiero otro amor, pues a mi Dios me he entregado y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
He tenido en mi vida
muchos arrobamientos de amor; particularmente una vez, durante el noviciado,
permanecí una semana entera tan completamente alejada de este mundo, que me
fuera imposible expresar lo que sentí. Parecíame obrar con un cuerpo prestado y
que un denso velo cubría todas las cosas de la tierra. Mas no me abrasaba una
llama real y verdadera; podía soportar aquellas delicias sin que con su peso se
rompieran mis ligaduras, en tanto que el día a que me refiero, si hubiera durado
un segundo más aquel ardor, mi alma se hubiera separado del cuerpo.
¡Desgraciadamente, me encontré otra vez en la tierra y volvió a reinar en mí
corazón una aridez desoladora!
¡Son tantas las maravillas que Dios tiene
reservadas para ti! Sta. Teresa de Jesús nos dice: “Mirad, que convida el Señor
a todos” (CP 19,1 S). Y S. Juan de la Cruz pregunta: “Oh almas criadas para
estas grandezas y para ellos llamadas ¿Qué hacéis? ¿En qué os entretenéis?” (C
39, 7).
“Todos han sido llamados, afirma S. Bernardo, a estas bodas
espirituales en que Jesucristo es el Esposo y la esposa somos nosotros mismos”
(Serm 7 in Cant 3). Todos pueden ser místicos, pues la
Mística es la flor y el coronamiento normal de la vida cristiana. Una
vida cristiana, que se desenvuelva gradualmente y sin obstáculos, llegará
forzosamente al Matrimonio espiritual. Esa es la meta a la que debemos aspirar,
si aceptamos el cristianismo por entero. Por eso, sigue el camino de Dios,
aunque te parezca extraordinario, cumple fiel y plenamente su plan sobre tu vida
y dale muchas gracias por el don inestimable de tu vocación y de tu fe católica.
“El te colmará de gracia y de
ternura” (Sal 103,4
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(El siguiente testimonio lo he sacado
de los escritos espirituales, aprobados
por su obispo y su director espiritual, de una religiosa contemplativa europea.)
Viviendo el
Matrimonio espiritual
Tres meses antes de mi
Matrimonio espiritual, hace 23 años, hice mi voto de muerte mística. Voto de
morir místicamente a mí misma y a todo lo creado, viviendo en completo abandono
en la tumba del olvido propio y cubriéndome con la tierra del propio
conocimiento.
Quería morir a mis deseos, incluso a los más vehementes que
siento de santidad, no buscando en todo más que la voluntad de Dios y su gloria,
negando a mis sentidos, pasiones y potencias cuanto apetecieran (aun siendo
lícito), si de ello resultaba más gloria a Dios. Deseaba servirme de las cosas y
de las criaturas para bendecir, amar y alabar y contemplar al Creador. Quería
vivir continuamente en el desierto interior de mi corazón, a no ser que tuviera
que salir por necesidad, obediencia o caridad, sin negar a mis TRES nada de lo
que me pidieran.
Me decía a mí misma: Una monja muerta está siempre ecuánime
en todo y para todo; ya no siente nada, ni apetece nada ni desea nada. Ni lo
próspero la altera ni lo adverso tampoco. Este voto lo hice sin intención de
obligarme a pecado.
Ahora vivo con mis TRES en un continuo Tedéum, en un
Aleluya permanente. Soy inmensamente feliz. Diría que, a veces, participo algo
de la felicidad del mismo Dios en las profundidades de su eterna vida. Soy su
“tálamo imperial”. Soy trono y templo de la adorable Trinidad. Vivo identificada
con Cristo, sumergida en el seno de la Trinidad. Ellos viven en lo más íntimo de
mí misma, ocupan el centro de mi alma. Mi vida es un continuo chispazo de Dios.
Tengo ansias de anonadamiento y humildad. Cuanto más me “suben” Ellos, más
siento necesidad de eclipsarme y desaparecer en el fondo de mi “pozo negro”. ¡Me
dan tanto miedo las caídas desde la altura!
Muchas veces, en oración, me veo
como un átomo imperceptible dentro de Jesús y con El en los TRES. ¡Qué
infinitamente maravilloso es nuestro Dios! Jesús y yo somos una misma cosa. Vivo
con los pies en la tierra, pero mi corazón está con Ellos. Mi interior es, a
veces, un jardín o huerto, otras es un sagrario y casi siempre es un cielo, y
siempre es SILENCIO DE DIOS. Un silencio fecundo que, sin palabras, recrea y
comunica secretos inefables.
Mi vida con los TRES está unida también con
María. Cada día, en compañía de Ella, visito a Jesús en los sagrarios más
abandonados y lo mismo por las noches. Lo visito con Ella en cada misa que se
celebra, ofreciéndome a Dios Padre en unión con Jesús. ¡Oh qué hermosa es mi
Madre! Ella me acaricia con frecuencia y me hace recostar con dulzura sobre su
corazón maternal. Muchas veces, ha recogido mi cabeza dolorida con inmenso
cariño y con un “Hija mía, ven a Mí, que soy tu Madre”, me alivió el dolor,
angustia y tristeza. ¿Cómo no voy a querer con locura a mi tierna y cariñosa
Madre? Ella me roba el corazón. Sus maternales brazos están siempre tendidos
hacia mí. Su presencia me es viva. Con ella cuento para todo.
En la
oración de esta mañana veía a María coronada como Reina por los TRES y, como
extasiada, participaba de su gloria. Veía que la santidad de Dios me venía por
medio de Ella, que es mi Madre. ¡Qué gozo más inefable! ¡Cuántas ansias tenía de
entregarme al Amor, de inmolarme por las almas, por la Iglesia, por la gloria de
Dios! Me siento siempre saciada y siempre hambrienta. ¡Qué misterio!.
Sea Bendita y alabada la Santa e Inmaculada Purísima Concepción de la
Santísima siempre Virgen María.
♥ Ave María Purísima
Cristiano Católico 7-10-2025
Aclamación
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
✝️ 🌍 💔 🌱 🌹