La Liturgia obra de la Santísima Trinidad
218. ¿Qué es la liturgia?
La liturgia es la celebración del Misterio
de Cristo y en particular de su Misterio Pascual.
Mediante el ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo, se manifiesta y realiza en ella, a través de
signos, la santificación de los hombres; y el Cuerpo Místico de Cristo, esto es
la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público que se debe a Dios.
219.
¿Qué lugar ocupa la liturgia en la vida de la Iglesia?
La liturgia,
acción sagrada por excelencia, es la cumbre hacia la que tiende la acción de la
Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de la que emana su fuerza vital. A través
de la liturgia, Cristo continúa en su Iglesia, con ella y por medio de ella, la
obra de nuestra redención
220. ¿En qué consiste la economía sacramental?
La economía sacramental
consiste en la comunicación de los frutos de la
redención de Cristo, mediante la celebración de los sacramentos de la Iglesia,
de modo eminente la Eucaristía, «hasta que él vuelva» ( 1 Co 11, 26)
CAPÍTULO PRIMERO
EL
MISTERIO PASCUAL
EN EL TIEMPO DE LA IGLESIA
LA LITURGIA, OBRA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
221.
¿De qué modo el Padre es
fuente y fin de la liturgia?
En la liturgia el Padre nos colma de sus
bendiciones en el Hijo encarnado, muerto y resucitado por nosotros, y derrama en
nuestros corazones el Espíritu Santo. Al mismo tiempo, la Iglesia bendice al
Padre mediante la adoración, la alabanza y la acción de gracias, e implora el
don de su Hijo y del Espíritu Santo.
222. ¿Cuál es la obra de Cristo en la
Liturgia?
En la liturgia de la Iglesia, Cristo significa y realiza
principalmente su misterio pascual.
Al entregar el Espíritu Santo a los
Apóstoles, les ha concedido, a ellos y a sus sucesores, el poder de actualizar
la obra de la salvación por medio del sacrificio eucarístico y de los
sacramentos, en los cuales Él mismo actúa para comunicar su gracia a los fieles
de todos los tiempos y en todo el mundo.
223. ¿Cómo actúa el Espíritu Santo
en la liturgia respecto de la Iglesia?
En la liturgia se realiza la más
estrecha cooperación entre el Espíritu Santo y la Iglesia. El Espíritu Santo
prepara a la Iglesia para el encuentro con su Señor, recuerda y manifiesta a
Cristo a la fe de la asamblea de creyentes, hace presente y actualiza el
Misterio de Cristo, une la Iglesia a la vida y misión de Cristo y hace
fructificar en ella el don de la comunión.
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
Compendio
La Liturgia es: La palabra
Liturgia viene del griego (leitourgia) y quiere decir servicio público,
generalmente ofrecido
por un individuo a la comunidad. Hoy se usa para
desginar todo el conjunto de la oración pública de la Iglesia y de la
celebración sacramental.
El Concilio Vaticano II en la "Constitución
sobre la Liturgia" nos presenta un tratado amplio, profundo y pastoral sobre el
tema. Citamos algunos conceptos para darnos una idea de lo importante que es
vivir la Liturgia, si queremos enriquecernos de los dones que proceden de la
acción redentora de Nuestro Señor.
"La Liturgia es el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella, los signos sensibles significan y cada uno a su manera realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro.
En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de
su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia,
con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la
Iglesia" (SC 7).
En esta amplia descripción encontramos lo que es realmente la Liturgia. Señalamos que:
1.-Es el ejercicio del sacerdocio de Cristo. Es decir, en la Liturgia, Cristo actúa como sacerdote, ofreciéndose al Padre, para
la salvación de los hombres.
2.-Los signos sensibles realizan la santificación
de los hombres en lo que quieren decir. Por ejemplo, el agua en el Bautismo
significa y realiza la purificación y es principio de vida, el pan en la
Eucaristía alimenta el espíritu del hombre.
3.-En la acción litúrgica,
Cristo y los cristianos, que forman el Cuerpo Místico, ejercen el culto público.
4.-Es la acción sagrada por
excelencia, que ninguna oración o acción humana
puede igualar por ser obra de Cristo y de toda su Iglesia y no de una persona o
un grupo. Para asimilar mejor los conceptos que nos revelan la importancia de la
liturgia, citamos otro texto del Concilio:
"La Liturgia es la cumbre a la
que tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza".
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Razón de ser de la liturgia
1066. En el Símbolo de la fe, la
Iglesia confiesa el misterio de la Santísima Trinidad y su "designio
benevolente" (Ef 1,9) sobre toda la creación: El Padre realiza el "misterio de
su voluntad" dando a su Hijo Amado y al Espíritu Santo para la salvación del
mundo y para la gloria de su Nombre.
Tal es el Misterio de Cristo (cf Ef 3,4),
revelado y realizado en la historia según un plan, una "disposición" sabiamente
ordenada que S. Pablo llama "la economía del Misterio" (Ef 3,9) y que la
tradición patrística llamará "la Economía del Verbo encarnado" o "la Economía de
la salvación".
1067 "Cristo el Señor realizó esta obra de la
redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada por las
maravillas que Dios hizo en el pueblo de la Antigua Alianza, principalmente por
el misterio pascual de su bienaventurada pasión, de su resurrección de entre los
muertos y de su gloriosa ascensión. Por este misterio, `con su muerte destruyó
nuestra muerte y con su resurrección restauró nuestra vida'.
Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de toda la Iglesia" (SC
5). Por eso, en la liturgia, la Iglesia celebra principalmente el Misterio
pascual por el que Cristo realizó la obra de nuestra salvación.
1068
Es el Misterio de Cristo lo que la Iglesia anuncia y celebra en su liturgia a
fin de que los fieles vivan de él y den testimonio del mismo en el mundo:
En
efecto, la liturgia, por medio de la cual "se ejerce la obra de nuestra
redención", sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía, contribuye
mucho a que los fieles, en su vida, expresen y manifiesten a los demás el
misterio de Cristo y la naturaleza genuina de la verdadera Iglesia (SC 2).
Significación de la palabra "Liturgia"
1069 La palabra
"Liturgia" significa originariamente "obra o quehacer público", "servicio de
parte de y en favor del pueblo". En la tradición cristiana quiere significar que
el Pueblo de Dios toma parte en "la obra de Dios" (cf. Jn 17,4). Por la
liturgia, Cristo, nuestro Redentor y Sumo Sacerdote, continúa en su Iglesia, con
ella y por ella, la obra de nuestra redención.
1070 La palabra
"Liturgia" en el Nuevo Testamento es empleada para designar no solamente la
celebración del culto divino (cf Hch 13,2; Lc 1,23), sino también el anuncio del
Evangelio (cf. Rm 15,16; Flp 2,14-17. 30) y la caridad en acto (cf Rm 15,27; 2
Co 9,12; Flp 2,25). En todas estas situaciones se trata del servicio de Dios y
de los hombres. En la celebración litúrgica, la Iglesia es servidora, a imagen
de su Señor, el único "Liturgo" (cf Hb 8,2 y 6), del cual ella participa en su
sacerdocio, es decir, en el culto, anuncio y servicio de la caridad:
Con
razón se considera la liturgia como el ejercicio de la función sacerdotal de
Jesucristo en la que, mediante signos sensibles, se significa y se realiza,
según el modo propio de cada uno, la santificación del hombre y, así, el Cuerpo
místico de Cristo, esto es, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público.
Por ello, toda celebración litúrgica, como obra de Cristo sacerdote y de su
Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia cuya eficacia, con
el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la
Iglesia (SC 7).
La liturgia como fuente de Vida
1071 La Liturgia, obra de Cristo, es también una acción de su Iglesia. Realiza y manifiesta la Iglesia como signo visible de la comunión entre Dios y de los
hombres por Cristo. Introduce a los fieles en la Vida nueva de la comunidad.
Implica una participación "consciente, activa y fructífera" de todos (SC 11).
1072 "La sagrada liturgia no agota toda la acción de la Iglesia" (SC9): debe ser precedida por la evangelización, la fe y la conversión; sólo así
puede dar sus frutos en la vida de los fieles: la Vida nueva según el Espíritu,
el compromiso en la misión de la Iglesia y el servicio de su unidad.
Oración y Liturgia
1073 La Liturgia es también participación en
la oración de Cristo, dirigida al Padre en el Espíritu Santo. En ella toda
oración cristiana encuentra su fuente y su término. Por la liturgia el hombre
interior es enraizado y fundado (cf Ef 3,16-17) en "el gran amor con que el
Padre nos amó" (Ef 2,4) en su Hijo Amado. Es la misma "maravilla de Dios" que es
vivida e interiorizada por toda oración, "en todo tiempo, en el Espíritu" (Ef
6,18)
Catequesis y Liturgia
1074 "La Liturgia es la
cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de
donde mana toda su fuerza" (SC 10). Por tanto, es el lugar privilegiado de la
catequesis del Pueblo de Dios. "La catequesis está intrínsecamente unida a toda
la acción litúrgica y sacramental, porque es en los sacramentos, y sobre todo en
la Eucaristía, donde Jesucristo actúa en plenitud para la transformación de los
hombres" (CT 23).
1075 La catequesis litúrgica pretende introducir
en el Misterio de Cristo ( es "mistagogia"), procediendo de lo visible a lo
invisible, del signo a lo significado, de los "sacramentos" a los "misterios".
Esta modalidad de catequesis corresponde hacerla a los catecismos locales y
regionales. El presente catecismo, que quiere ser un servicio para toda la
Iglesia, en la diversidad de sus ritos y sus culturas (cf SC 3-4), enseña lo que
es fundamental y común a toda la Iglesia en lo que se refiere a la Liturgia en
cuanto misterio y celebración (primera sección), y a los siete sacramentos y los
sacramentales (segunda sección).
LA LITURGIA, OBRA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
I. El Padre, fuente y fin de la liturgia
1077
"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido
con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto
nos ha elegido en él antes de la creación del mundo, para ser santos e
inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus
hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad,
para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado" (Ef
1,3-6).
1078 Bendecir es una acción divina que da la vida y cuya
fuente es el Padre. Su bendición es a la vez palabra y don ("bene-dictio",
"eu-logia"). Aplicado al hombre, este término significa la adoración y la
entrega a su Creador en la acción de gracias.
1079 Desde el comienzo y hasta
la consumación de los tiempos, toda la obra de Dios es bendición. Desde el poema
litúrgico de la primera creación hasta los cánticos de la Jerusalén celestial,
los autores inspirados anuncian el designio de salvación como una inmensa
bendición divina.
1080 Desde el comienzo, Dios bendice a los seres
vivos, especialmente al hombre y la mujer. La alianza con Noé y con todos los
seres animados renueva esta bendición de fecundidad, a pesar del pecado del
hombre por el cual la tierra queda "maldita". Pero es a partir de Abraham cuando
la bendición divina penetra en la historia humana, que se encaminaba hacia la
muerte, para hacerla volver a la vida, a su fuente: por la fe del "padre de los
creyentes" que acoge la bendición se inaugura la historia de la salvación.
1081 Las bendiciones divinas se
manifiestan en acontecimientos maravillosos y
salvadores: el nacimiento de Isaac, la salida de Egipto (Pascua y Exodo), el don
de la Tierra prometida, la elección de David, la Presencia de Dios en el templo,
el exilio purificador y el retorno de un "pequeño resto". La Ley, los Profetas y
los Salmos que tejen la liturgia del Pueblo elegido recuerdan a la vez estas
bendiciones divinas y responden a ellas con las bendiciones de alabanza y de
acción de gracias.
1082 En la Liturgia de la Iglesia, la bendición divina es
plenamente revelada y comunicada: el Padre es reconocido y adorado como la
fuente y el fin de todas las bendiciones de la Creación y de la Salvación; en su
Verbo, encarnado, muerto y resucitado por nosotros, nos colma de sus bendiciones
y por él derrama en nuestros corazones el Don que contiene todos los dones: el
Espíritu Santo.
1083 Se comprende, por tanto, que en cuanto
respuesta de fe y de amor a las "bendiciones espirituales" con que el Padre nos
enriquece, la liturgia cristiana tiene una doble dimensión. Por una parte, la
Iglesia, unida a su Señor y "bajo la acción el Espíritu Santo" (Lc 10,21),
bendice al Padre "por su Don inefable" (2 Co 9,15) mediante la adoración, la
alabanza y la acción de gracias. Por otra parte, y hasta la consumación del
designio de Dios, la Iglesia no cesa de presentar al Padre "la ofrenda de sus
propios dones" y de implorar que el Espíritu Santo venga sobre esta ofrenda,
sobre ella misma, sobre los fieles y sobre el mundo entero, a fin de que por la
comunión en la muerte y en la resurrección de Cristo-Sacerdote y por el poder
del Espíritu estas bendiciones divinas den frutos de vida "para alabanza de la
gloria de su gracia" (Ef 1,6).
II La obra de Cristo en la liturgia
Cristo glorificado...
1084 "Sentado a la derecha del Padre" y
derramando el Espíritu Santo sobre su Cuerpo que es la Iglesia, Cristo actúa
ahora por medio de los sacramentos, instituidos por él para comunicar su gracia.
Los sacramentos son signos sensibles (palabras y acciones), accesibles a nuestra
humanidad actual. Realizan eficazmente la gracia que significan en virtud de la
acción de Cristo y por el poder del Espíritu Santo.
1085 En la Liturgia de
la Iglesia, Cristo significa y realiza principalmente su misterio pascual.
Durante su vida terrestre Jesús anunciaba con su enseñanza y anticipaba con sus
actos el misterio pascual. Cuando llegó su Hora (cf Jn 13,1; 17,1), vivió el
único acontecimiento de la historia que no pasa: Jesús muere, es sepultado,
resucita de entre los muertos y se sienta a la derecha del Padre "una vez por
todas" (Rm 6,10; Hb 7,27; 9,12). Es un acontecimiento real, sucedido en nuestra
historia, pero absolutamente singular: todos los demás acontecimientos suceden
una vez, y luego pasan y son absorbidos por el pasado. El misterio pascual de
Cristo, por el contrario, no puede permanecer solamente en el pasado, pues por
su muerte destruyó a la muerte, y todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y
padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los
tiempos y en ellos se mantiene permanentemente presente. El acontecimiento de la
Cruz y de la Resurrección permanece y atrae todo hacia la Vida.
...desde la
Iglesia de los Apóstoles...
1086 "Por esta razón, como Cristo fue
enviado por el Padre, él mismo envió también a los Apóstoles, llenos del
Espíritu Santo, no sólo para que, al predicar el Evangelio a toda criatura,
anunciaran que el Hijo de Dios, con su muerte y resurrección, nos ha liberado
del poder de Satanás y de la muerte y nos ha conducido al reino del Padre, sino
también para que realizaran la obra de salvación que anunciaban mediante el
sacrificio y los sacramentos en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica"
(SC 6).
1087 Así, Cristo resucitado, dando el Espíritu Santo a los
Apóstoles, les confía su poder de santificación (cf Jn 20,21- 23); se convierten
en signos sacramentales de Cristo. Por el poder del mismo Espíritu Santo confían
este poder a sus sucesores. Esta "sucesión apostólica" estructura toda la vida
litúrgica de la Iglesia. Ella misma es sacramental, transmitida por el
sacramento del Orden.está presente en la Liturgia terrena...
1088
"Para llevar a cabo una obra tan grande" -la dispensación o comunicación de su
obra de salvación-"Cristo está siempre presente en su Iglesia, principalmente en
los actos litúrgicos. Está presente en el sacrificio de la misa, no sólo en la
persona del ministro, `ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el
mismo que entonces se ofreció en la cruz', sino también, sobre todo, bajo las
especies eucarísticas. Está presente con su virtud en los sacramentos, de modo
que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Está presente en su
palabra, pues es El mismo el que habla cuando se lee en la Iglesia la Sagrada
Escritura. Está presente, finalmente, cuando la Iglesia suplica y canta salmos,
el mismo que prometió: `Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí
estoy yo en medio de ellos' (Mt 18,20)" (SC 7).
1089 "Realmente, en
una obra tan grande por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres
santificados, Cristo asocia siempre consigo a la Iglesia, su esposa amadísima,
que invoca a su Señor y por El rinde culto al Padre Eterno" (SC 7).
...que
participa en la Liturgia celestial
1090 "En la liturgia terrena
pregustamos y participamos en aquella liturgia celestial que se celebra en la
ciudad santa, Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos, donde
Cristo está sentado a la derecha del Padre, como ministro del santuario y del
tabernáculo verdadero; cantamos un himno de gloria al Señor con todo el ejército
celestial; venerando la memoria de los santos, esperamos participar con ellos y
acompañarlos; aguardamos al Salvador, nuestro Señor Jesucristo, hasta que se
manifieste El, nuestra Vida, y nosotros nos manifestamos con El en la gloria"
(SC 8; cf. LG 50).
III El Epíritu Santo y la Iglesia en la
liturgia
1091 En la Liturgia, el Espíritu Santo es el pedagogo de la
fe del Pueblo de Dios, el artífice de las "obras maestras de Dios" que son los
sacramentos de la Nueva Alianza. El deseo y la obra del Espíritu en el corazón
de la Iglesia es que vivamos de la vida de Cristo resucitado. Cuando encuentra
en nosotros la respuesta de fe que él ha suscitado, entonces se realiza una
verdadera cooperación. Por ella, la Liturgia viene a ser la obra común del
Espíritu Santo y de la Iglesia.
1092 En esta dispensación sacramental del
misterio de Cristo, el Espíritu Santo actúa de la misma manera que en los otros
tiempos de la Economía de la salvación: prepara la Iglesia para el encuentro con
su Señor, recuerda y manifiesta a Cristo a la fe de la asamblea; hace presente y
actualiza el misterio de Cristo por su poder transformador; finalmente, el
Espíritu de comunión une la Iglesia a la vida y a la misión de Cristo.
El Espíritu
Santo prepara a recibir a Cristo
1093 El
Espíritu Santo realiza en la economía sacramental las figuras de la Antigua
Alianza. Puesto que la Iglesia de Cristo estaba "preparada maravillosamente en
la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza" (LG 2), la Liturgia de
la Iglesia conserva como una parte integrante e irremplazable, haciéndolos
suyos, algunos elementos del culto de la Antigua Alianza:
– principalmente
la lectura del Antiguo Testamento;
– la oración de los Salmos;
– y sobre
todo la memoria de los acontecimientos salvíficos y de las realidades
significativas que encontraron su cumplimiento en el misterio de Cristo (la
Promesa y la Alianza; el Exodo y la Pascua, el Reino y el Templo; el Exilio y el
Retorno).
1094 Sobre esta armonía de los dos Testamentos (cf DV
14-16) se articula la catequesis pascual del Señor (cf Lc 24,13- 49), y luego la
de los Apóstoles y de los Padres de la Iglesia. Esta catequesis pone de
manifiesto lo que permanecía oculto bajo la letra del Antiguo Testamento: el
misterio de Cristo. Es llamada catequesis "tipológica", porque revela la novedad
de Cristo a partir de "figuras" (tipos) que la anunciaban en los hechos, las
palabras y los símbolos de la primera Alianza. Por esta relectura en el Espíritu
de Verdad a partir de Cristo, las figuras son explicadas (cf 2 Co 3, 14-16).
Así, el diluvio y el arca de Noé prefiguraban la salvación por el Bautismo (cf 1
P 3,21), y lo mismo la nube, y el paso del mar Rojo; el agua de la roca era la
figura de los dones espirituales de Cristo (cf 1 Co 10,1-6); el maná del
desierto prefiguraba la Eucaristía "el verdadero Pan del Cielo" (Jn 6,32).
1095 Por eso la
Iglesia, especialmente durante los tiempos de Adviento,
Cuaresma y sobre todo en la noche de Pascua, relee y revive todos estos
acontecimientos de la historia de la salvación en el "hoy" de su Liturgia. Pero
esto exige también que la catequesis ayude a los fieles a abrirse a esta
inteligencia "espiritual" de la Economía de la salvación, tal como la Liturgia
de la Iglesia la manifiesta y nos la hace vivir.
1096 Liturgia judía
y liturgia cristiana. Un mejor conocimiento de la fe y la vida religiosa del
pueblo judío tal como son profesadas y vividas aún hoy, puede ayudar a
comprender mejor ciertos aspectos de la Liturgia cristiana. Para los judíos y
para los cristianos la Sagrada Escritura es una parte esencial de sus
respectivas liturgias: para la proclamación de la Palabra de Dios, la respuesta
a esta Palabra, la adoración de alabanza y de intercesión por los vivos y los
difuntos, el recurso a la misericordia divina. La liturgia de la Palabra, en su
estructura propia, tiene su origen en la oración judía. La oración de las Horas,
y otros textos y formularios litúrgicos tienen sus paralelos también en ella,
igual que las mismas fórmulas de nuestras oraciones más venerables, por ejemplo,
el Padre Nuestro. Las plegarias eucarísticas se inspiran también en modelos de
la tradición judía. La relación entre liturgia judía y liturgia cristiana, pero
también la diferencia de sus contenidos, son particularmente visibles en las
grandes fiestas del año litúrgico como la Pascua. Los cristianos y los judíos
celebran la Pascua: Pascua de la historia, orientada hacia el porvenir en los
judíos; Pascua realizada en la muerte y la resurrección de Cristo en los
cristianos, aunque siempre en espera de la consumación definitiva.
1097 En la Liturgia de la Nueva
Alianza, toda acción litúrgica, especialmente la
celebración de la Eucaristía y de los sacramentos es un encuentro entre Cristo y
la Iglesia. La asamblea litúrgica recibe su unidad de la "comunión del Espíritu
Santo" que reúne a los hijos de Dios en el único Cuerpo de Cristo. Esta reunión
desborda las afinidades humanas, raciales, culturales y sociales.
1098 La Asamblea debe prepararse
para encontrar a su Señor, debe ser "un pueblo
bien dispuesto". Esta preparación de los corazones es la obra común del Espíritu
Santo y de la Asamblea, en particular de sus ministros. La gracia del Espíritu
Santo tiende a suscitar la fe, la conversión del corazón y la adhesión a la
voluntad del Padre. Estas disposiciones preceden a la acogida de las otras
gracias ofrecidas en la celebración misma y a los frutos de vida nueva que está
llamada a producir.
El Espíritu Santo recuerda el Misterio
de Cristo
1099 El Espíritu y la Iglesia cooperan en la manifestación
de Cristo y de su obra de salvación en la Liturgia. Principalmente en la
Eucaristía, y análogamente en los otros sacramentos, la Liturgia es Memorial del
Misterio de la salvación. El Espíritu Santo es la memoria viva de la Iglesia (cf
Jn 14,26).
1100 La Palabra de Dios. El Espíritu Santo recuerda
primeramente a la asamblea litúrgica el sentido del acontecimiento de la
salvación dando vida a la Palabra de Dios que es anunciada para ser recibida y
vivida:
La importancia de la Sagrada Escritura en la celebración de la
liturgia es máxima. En efecto, de ella se toman las lecturas que luego se
explican en la homilía, y los salmos que se cantan; las preces, oraciones e
himnos litúrgicos están impregnados de su aliento y su inspiración; de ella
reciben su significado las acciones y los signos (SC 24).
1101 El
Espíritu Santo es quien da a los lectores y a los oyentes, según las
disposiciones de sus corazones, la inteligencia espiritual de la Palabra de
Dios. A través de las palabras, las acciones y los símbolos que constituyen la
trama de una celebración, el Espíritu Santo pone a los fieles y a los ministros
en relación viva con Cristo, Palabra e Imagen del Padre, a fin de que puedan
hacer pasar a su vida el sentido de lo que oyen, contemplan y realizan en la
celebración.
1102 "La fe se suscita en el corazón de los no
creyentes y se alimenta en el corazón de los creyentes con la palabra de la
salvación. Con la fe empieza y se desarrolla la comunidad de los creyentes" (PO
4). El anuncio de la Palabra de Dios no se reduce a una enseñanza: exige la
respuesta de fe, como consentimiento y compromiso, con miras a la Alianza entre
Dios y su pueblo. Es también el Espíritu Santo quien da la gracia de la fe, la
fortalece y la hace crecer en la comunidad. La asamblea litúrgica es ante todo
comunión en la fe.
1103 La Anamnesis. La celebración litúrgica se
refiere siempre a las intervenciones salvíficas de Dios en la historia. "El plan
de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; ...
las palabras proclaman las obras y explican su misterio" (DV 2). En la Liturgia
de la Palabra, el Espíritu Santo "recuerda" a la Asamblea todo lo que Cristo ha
hecho por nosotros. Según la naturaleza de las acciones litúrgicas y las
tradiciones rituales de las Iglesias, una celebración "hace memoria" de las
maravillas de Dios en una Anámnesis más o menos desarrollada. El Espíritu Santo,
que despierta así la memoria de la Iglesia, suscita entonces la acción de
gracias y la alabanza (Doxología).
El Espíritu Santo actualiza el
Misterio de Cristo
1104 La Liturgia cristiana no sólo recuerda los
acontecimientos que nos salvaron, sino que los actualiza, los hace presentes. El
Misterio pascual de Cristo se celebra, no se repite; son las celebraciones las
que se repiten; en cada una de ellas tiene lugar la efusión del Espíritu Santo
que actualiza el único Misterio.
1105 La Epiclesis ("invocación
sobre") es la intercesión mediante la cual el sacerdote suplica al Padre que
envíe el Espíritu santificador para que las ofrendas se conviertan en el Cuerpo
y la Sangre de Cristo y para que los fieles, al recibirlos, se conviertan ellos
mismos en ofrenda viva para Dios.
1106 Junto con la Anámnesis, la
Epíclesis es el centro de toda celebración sacramental, y muy particularmente de
la Eucaristía:
Preguntas cómo el pan se convierte en el Cuerpo de Cristo y
el vino...en Sangre de Cristo. Te respondo: el Espíritu Santo irrumpe y realiza
aquello que sobrepasa toda palabra y todo pensamiento...Que te baste oír que es
por la acción del Espíritu Santo, de igual modo que gracias a la Santísima
Virgen y al mismo Espíritu, el Señor, por sí mismo y en sí mismo, asumió la
carne humana (S. Juan Damasceno, f.o., IV, 13).
1107 El poder
transformador del Espíritu Santo en la Liturgia apresura la venida del Reino y
la consumación del Misterio de la salvación. En la espera y en la esperanza nos
hace realmente anticipar la comunión plena con la Trinidad Santa. Enviado por el
Padre, que escucha la epíclesis de la Iglesia, el Espíritu da la vida a los que
lo acogen, y constituye para ellos, ya desde ahora, "las arras" de su herencia
(cf Ef 1,14; 2 Co 1,22).
La comunión del Espíritu Santo
1108 La finalidad de la
misión del Espíritu Santo en toda acción litúrgica es
poner en comunión con Cristo para formar su Cuerpo. El Espíritu Santo es como la
savia de la viña del Padre que da su fruto en los sarmientos (cf Jn 15,1-17; Ga
5,22). En la Liturgia se realiza la cooperación más íntima entre el Espíritu
Santo y la Iglesia. El Espíritu de Comunión permanece indefectiblemente en la
Iglesia, y por eso la Iglesia es el gran sacramento de la comunión divina que
reúne a los hijos de Dios dispersos. El fruto del Espíritu en la Liturgia es
inseparablemente comunión con la Trinidad Santa y comunión fraterna (cf 1 Jn
1,3-7).
1109 La Epíclesis es también oración por el pleno efecto de
la comunión de la Asamblea con el Misterio de Cristo. "La gracia de nuestro
Señor Jesucristo, el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo" (2 Co
13,13) deben permanecer siempre con nosotros y dar frutos más allá de la
celebración eucarística. La Iglesia, por tanto, pide al Padre que envíe el
Espíritu Santo para que haga de la vida de los fieles una ofrenda viva a Dios
mediante la transformación espiritual a imagen de Cristo, la preocupación por la
unidad de la Iglesia y la participación en su misión por el testimonio y el
servicio de la caridad.
Resumen
1110 En la liturgia de
la Iglesia, Dios Padre es bendecido y adorado como la fuente de todas las
bendiciones de la Creación y de la Salvación, con las que nos ha bendecido en su
Hijo para darnos el Espíritu de adopción filial.
1111 La obra de
Cristo en la Liturgia es sacramental porque su Misterio de salvación se hace
presente en ella por el poder de su Espíritu Santo; porque su Cuerpo, que es la
Iglesia, es como el sacramento (signo e instrumento) en el cual el Espíritu
Santo dispensa el Misterio de la salvación; porque a través de sus acciones
litúrgicas, la Iglesia peregrina participa ya, como en primicias, en la Liturgia
celestial.
1112 La misión del Espíritu Santo en la Liturgia de la
Iglesia es la de preparar la Asamblea para el encuentro con Cristo; recordar y
manifestar a Cristo a la fe de la asamblea de creyentes; hacer presente y
actualizar la obra salvífica de Cristo por su poder transformador y hacer
fructificar el don de la comunión en la Iglesia.
Qué
es la liturgia? en corto
Etimología
El termino liturgia procede
del griego clásico, leitourgía ( de la raíz lêit – leôs-laôs- : pueblo, popular;
y érgon: obra) lo mismo que sus correlativos leitourgeîn y leitourgós, y se
usaba en sentido absoluto sin necesidad de especificar el objeto, para indicar
el origen o el destino popular de una acción o de una iniciativa,
independientemente del modo como se asumía ésta. Con el tiempo la presentación
popular perdió su carácter libre para convertirse en un servicio oneroso a favor
de la sociedad.
Liturgia vino a designar un servicio público. Cuando
este servicio afectaba al ámbito religioso, liturgia se dirigía al culto oficial
de los dioses. En todos los casos la palabra tenía un valor técnico
Uso
del término “liturgia” en la Biblia
En el AT: El verbo leitourgeô y el
sustantivo leitourgía se encuentran 100 y 400 veces, respectivamente en la
versión de los LXX, y designan el servicio cultual de los sacerdotes y levitas
en el templo. El término en hebreo es algunas veces shêrêr (cf. Núm 16,9) y
otras abhâd y abhôdâh, que designa prácticamente siempre el servicio cultual del
Dios verdadero realizado en el santuario por los descendientes de Aarón y de
Leví. Para el culto privado y para el culto de todo el pueblo los LXX se sirven
de las palabras latreía y doulía (adoración y honor). En los textos griegos
solamente, leitourgía tiene el mismo sentido cultual levítico (cf. Sab 18,21;
Eclo 4,14; 7,29-30; 24,10, etc.).
Esta terminología supone ya una
interpretación, distinguiendo entre el servicio de los levitas y el culto que
todo el pueblo debía dar al Señor (cf. Ex 19,5; Dt 10,12). No obstante, la
función cultual pertenecía a todo el pueblo de Israel, aunque era ejercida de
forma especial y pública por los sacerdotes y levitas.
En el griego
bíblico del Nuevo Testamento, leitourgía no aparece jamás como sinónimo de culto
cristiano, salvo en el discutido pasaje de Hch 13,2.
En el NT: La
palabra liturgia se utiliza con los siguientes sentidos
en el NT:
a) En
sentido civil de servicio público oneroso, como en el griego clásico (cf. Rm
13,6; 15,27; Flp 2,25.30; 2 Cor 9,12; Heb 1,7.14)
b) En sentido técnico del
culto sacerdotal y lévitico del AT (cf. Lc 1,23; Heb 8.2.6; 9,21; 10,11). La
Carta a los Hebreos aplica a Cristo, y sólo a él, esta terminología para
acentuar el valor del sacerdocio de la Nueva Alianza.
c) En sentido de culto
espiritual: San Pablo utiliza la palabra leitourgía para referirse tanto al
ministerio de la evangelización como al obsequio de la fe de los que han creído
por su predicación
(cf. Rm 15,16; Flp 2,17).
d) En sentido de culto
comunitario cristiano: El texto de Hch 13,2 («leitourgoúntôn») es el único del
NT donde la palabra liturgia puede tomarse en sentido ritual o celebrativo. La
comunidad estaba reunida orando, y la plegaria desembocó en el envío misionero
de Pablo y de Bernabé mediante el gesto de la imposición de manos (cf. Hch 6,6).
Esta reserva en el uso
de la palabra liturgia por el Nuevo Testamento
obedece a su vinculación al sacerdocio levítico, el cual perdió su razón de ser
en la Nueva Alianza.
Evolución posterior
En los primeros
escritores cristianos, de origen judeocristiano, la palabra liturgia fue usada
de nuevo de nuevo en el sentido del Antiguo Testamento, pero aplicada al culto
de la Nueva Alianza (cf. Didaché 15,1; 1 Clem. 40,2.5).
Después la
palabra liturgia ha tenido una utilización muy desigual. En las Iglesias
orientales de lengua griega leitourgía designa la celebración eucarística. En la
Iglesia latina liturgia fue ignorada, al contrario de lo que ocurrió con otros
términos religiosos de origen griego que fueron latinizados. En lugar de
liturgia se usaron expresiones como munus, oficcium, ministerium, opus, etc. No
obstante San Agustín la empleo para referirse al ministerio cultual,
identificándola con latría (cf. S. Agustín, Enarr. in Ps 135, en PL 39, 1757.).
A partir del siglo XVI
liturgia aparece en los títulos de algunos libros
dedicados a la historia y al explicación de los ritos de la Iglesia. Pero, junto
a este significado, el término liturgia se hizo sinónimo de ritual y de
ceremonia. En el lenguaje eclesiástico la palabra liturgia empezó a aparecer a
mediados del siglo XIX, cuando el Movimiento litúrgico la hizo de uso corriente.
Definición de Liturgia
en el Concilio Vaticano II
Los documentos
conciliares, especialmente la Sacrosanctum Concilium, hablan de la liturgia como
un elemento esencial de la vida de la Iglesia que determina la situación
presente del pueblo de Dios: «Con razón, entonces, se considera a la liturgia
como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella, los signos sensibles
significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así
el Cuerpo Místico de Cristo, es decir, la Cabeza y sus miembros ejerce el culto
publico íntegro. En consecuencia, toda celebración litúrgica por ser obra de
Cristo Sacerdote y de su cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por
excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y el mismo grado, no la iguala
ninguna otra acción de la Iglesia.» (SC 7).
Esta noción estrictamente
teológica de la liturgia, sin olvidar los aspectos antropológicos, aparece en
íntima dependencia del misterio del Verbo encarnado y de la Iglesia (cf. SC 2;
5;6; LG 1; 7; 8, etc.). La encarnación en cuanto presencia eficaz de lo divino
en la historia, se prolonga «en gestos y palabras» (cf. DV 2; 13) de la
liturgia, que reciben su significado de la Sagrada Escritura (cf. SC 24) y son
prolongación en la en la tierra de la humanidad del Hijo de Dios (cf. CEC 1070,
1103, etc.).
El Concilio ha querido destacar, por una parte, la
dimensión litúrgica de la redención efectuada por Cristo en su muerte y
resurrección, y, por otra, la modalidad sacramental o simbólica-litúrgica en la
que se ha de llevar a cabo la «obra de salvación».
De esta manera, en la
noción de liturgia que da el Vaticano II, destacan los siguientes aspectos :
a)es obra de Cristo total, Cristo
primariamente, y de la Iglesia por asociación;
b)tiene como finalidad la santificación de los hombres y el
culto al Padre,
de modo que el sacerdocio de Cristo se realiza en los dos aspectos;
c)pertenece a todo el pueblo de Dios, que
en virtud del Bautismo es sacerdocio
real con el derecho y el deber de participar en las acciones litúrgicas;
d)en cuanto constituida por «gestos y
palabras» que significan y realizan
eficazmente la salvación, es ella misma un acontecimiento en el que se
manifiesta la Iglesia, sacramento del Verbo encarnado;
e)configura y
determina el tiempo de la Iglesia desde el punto de vista escatológico;
f)por todo esto la liturgia es «fuente
y cumbre de la vida de la Iglesia» (SC
10; LG 11).
Así pues, en la noción de liturgia que ofrece el Concilio
podemos definirla como la función santificadora y cultual de la Iglesia, esposa
y cuerpo sacerdotal del Verbo encarnado, para continuar en el tiempo la obra de
Cristo por medio de los signos que lo hacen presentes hasta su venida.
Lo litúrgico y lo no litúrgico
Son acciones litúrgicas (lo litúrgico)
aquellos actos sagrados que, por institución de Jesucristo o de la Iglesia, y en
su nombre, son realizados por personas legítimamente designadas para este fin,
en conformidad con los libros litúrgicos aprobados por la Santa Sede, para dar a
Dios, a los santos ya los beatos el culto que les es debido. Lo no litúrgico son
las demás acciones sagradas que se realizan en una iglesia o fuera de ella, con
o sin sacerdote que las presencie o las dirija (a estas también se les llama
ejercicios piadosos).
Lo litúrgico «es lo que pertenece al entero cuerpo
eclesial y lo pone de manifiesto» (SC 26) y constituye la eficacia objetiva de
los actos de culto. Los ejercicios piadosos evocan el misterio de Cristo
únicamente de manera contemplativa y afectiva.
La eficacia de los actos
litúrgicos depende de la voluntad institucional de Cristo y de la Iglesia, y de
que se cumplan necesariamente las condiciones para su validez; por eso estos
actos actualizan la presencia del Señor. La eficacia de los ejercicios piadosos
depende tan sólo de las actitudes personales de quienes toman parte en
Sea Bendita y alabada la Santa e Inmaculada Purísima Concepción de la
Santísima siempre Virgen María.
♥ Ave María Purísima
Cristiano Católico 7-10-2025Aclamación
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
✝️ 🌍 💔 🌱 🌹