Tomas A. Kempis


Imitación

Libro tercero

Capítulo XI

Los deseos del corazón se deben examinar y moderar.

Jesucristo. 1. Hijo, aún te conviene aprender muchas cosas que no has aprendido bien.
El Alma.- ¿Qué cosas son estas, Señor?
Jesucristo.- Que pongas tu deseo totalmente en sola mi voluntad, y no seas amador de ti mismo, sino afectuoso celador de lo que a Mí me agrada.
Los deseos te encienden muchas veces, y te impelen con vehemencia; pero considera si te mueves por mi honra o por tu provecho.
Si Yo soy la causa, bien te contentarás de cualquier modo que Yo lo ordenaré; pero si algo tienes escondido de amor propio, con que siempre te buscas, mira que eso es lo que mucho te impide y agrava.

2. Guárdate, pues, no confíes demasiado en el deseo que tuviste sin consultarlo conmigo; porque puede ser que después te arrepientas, y te descontente lo que primero te agradaba, y que por parecerte mejor lo deseaste. Porque no se puede seguir luego cualquier deseo que aparece bueno, ni tampoco huir a la primera vista toda afición que parece contraria. Conviene algunas veces reprimir el ímpetu, aun en los buenos ejercicios y deseos, porque no caigas por importunidad en distracción del alma, y porque no causes escándalo a otros con tu indiscreción, o por la contradicción de otros te turbes luego y deslices.

3. También algunas veces conviene usar de fuerza, y contradecir varonilmente al apetito sensitivo, y no cuidar de lo que la carne quiere o no quiere, sino andar más solícito, para que esté sujeta al espíritu, aunque le pese. Y debe ser castigada y obligada a sufrir la servidumbre hasta que esté pronta para todo, aprenda a contentarse con lo poco y holgarse con lo sencillo, y no murmurar contra lo que es desabrido.

Ave María Purísima
Cristiano Católico 19-12-2012  Año de la Fe
Sea Bendita la Santa e Inmaculada Purísima Concepción de la Santísima Virgen María