Tomas A. Kempis
Imitación
Libro terceroCapítulo XXXIV
Que
Dios es para quien lo ama, más delicioso que todo, y en todo.El Alma:
1. ¡Oh mi
Dios y mi todo! ¿Qué más quiero yo y qué mayor dicha puedo apetecer?
¡Oh sabrosa y dulce palabra! Pero para quien ama a Dios, y no al mundo ni a lo
que en él está. Mi Dios y mi todo. Al que entiende, basta lo dicho: y repetirlo
muchas veces, es deleitable al que ama. Porque estando Tu presente, todo es
agradable; más estando ausente, todo fastidioso. Tú haces el corazón tranquilo y
das gran paz y alegría festiva. Tú haces sentir bien de todo y que te alaben
todas las cosas. No puede cosa alguna deleitar mucho tiempo sin Ti; pero si ha
de agradar y gustarse de veras, conviene que tu gracia la presencie y tu
sabiduría la sazone.
2. A quien Tú eres sabroso, ¿qué no le sabrá bien? Y a quien de Ti no
gusta,
¿qué le podrá agradar? Más los sabios del mundo, y los que lo son según la
carne, no tienen idea de tu sabiduría; en aquellos se encuentra mucha vanidad, y
en estos la muerte. Pero los que te siguen, despreciando al mundo y mortificando
su carne, estos son verdaderos sabios, porque pasan de la vanidad a la verdad, y
de la carne al espíritu. A estos es Dios sabroso, y cuanto bien hallan en las
criaturas, todo lo refieren a gloria de su Criador. Pero diferente y muy
diferente es el sabor del Criador y de la criatura, de la eternidad y del
tiempo, de la luz increada y de la luz creada.
3. ¡Oh luz perpetua, que estás sobre toda luz
creada! Envía desde lo alto tal
resplandor, que penetre todo lo secreto de mi corazón. Purifica, alegra,
clarifica y vivifica mi espíritu y sus potencias, para que se una contigo con
exceso de júbilo. ¡Oh, cuándo vendrá esta dichosa y deseada hora, para que Tú me
hartes con tu presencia y me seas todo en todas las cosas! Entretanto que esto
no se me concediere no tendré gozo cumplido. Más ¡ay dolor! Que vive aún el
hombre viejo en mí; no está del todo crucificado, ni perfectamente muerto. Aún
codicia vivamente contra el espíritu; mueve guerras interiores y no consiente
que esté quieto el dominio del alma.
4. Más Tú,
que señoreas el poderío del mar y amansas el
movimiento de sus ondas,
levántate y ayúdame (Salmo78, 43, 36).
Destruye las gentes que buscan guerras (Salmo 47, 32); quebrántalas con tu
virtud. Ruégote que
muestres tus maravillas, y que sea glorificada tu diestra (Judit. 9 11; Eccli., 35, 7), porque no tengo otra esperanza ni otro refugio, sino a Ti, Señor Dios mío.
Ave María Purísima
Cristiano Católico 19-12-2012 Año de la Fe
Sea Bendita la Santa e Inmaculada Purísima Concepción de
la Santísima Virgen María