Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales. Son el corazón del Evangelio puesto en práctica, un camino concreto para vivir el amor que Dios nos ha mostrado primero.
La Iglesia, siguiendo las enseñanzas de Jesús (cf. Mt 25, 31-46), nos invita a ejercerlas, distinguiendo entre las que se dirigen al alma y las que atienden al cuerpo.
Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2447).