1. El orar es el primer paso, la costumbre de orar el segundo, el tercero como fruto de los otros dos, el espíritu de oración.
Hay personas que al cabo de años con la costumbre de orar, no han conseguido todavía el espíritu de oración; señal clara de algún defecto que se interpone en su modo de orar y las priva del fruto cuajado de su oración. Para verse triunfar hasta llegar a la perfección, no basta con la oración de la mañana; hay que añadir oración en otras ocasiones y volver a oración las ocupaciones de la vida. Para redondear pues, la materia dentro de nuestro plan, trataremos brevemente en este capítulo del espíritu de oración.
I. Noción. - Fuentes. - Frutos. - Práctica general. - Sectores.
2. Noción. Es la tendencia del alma pronta para acudir en todo y con todo a Dios: es la necesidad interna que lleva a estar continuamente con Dios: es el «Oportet semper orare et non deficere», el «Sine intermissione orate», vivido prácticamente por el alma.
3. Fuentes. A dos capítulos podemos acudir para hallar las fuentes del espíritu de oración: a) los principios de donde deriva; b) las causas, que hacen obrar esos principios.
A) Los PRINCIPIOS son:
- La necesidad que de Dios tenemos, esencial, de todo momento, para todo y de modo particular.
- La necesidad de la gracia, sin la cual nada somos y nada podemos en el orden sobrenatural.
- La necesidad de la oración, de la cual penden las gracias divinas.
- El derecho esencial de Dios a todo en nosotros.
- La excelencia de Dios, que reclama en nosotros amor sobre todo, de todo corazón, de toda el alma; con todas nuestras fuerzas.
Estos principios, al paso que van penetrando en el alma, la van empujando a ir con todo a Dios, a esperarlo todo de Dios, a pedírselo todo a Dios, a ofrecérselo todo a Dios, a desear la unión más íntima, más continua, más amante, más abnegada de alma y corazón con Dios.
B) LAS CAUSAS que hacen obrar estos principios, supuesta siempre la fe y la gracia general, son principalmente la oración y los sacramentos, especialmente la Eucaristía, con las luces y mociones que en ellas se reciben y con ellas se impetran y merecen. Como el elemento de que más hemos de echar mano para que los sacramentos nos den colmados sus frutos, es la oración; por eso, bien podemos condensar en ella, las causas del espíritu de oración y decir que en la oración y con la oración, nace, crece, se conserva y perfecciona, el espíritu de oración. Si repasamos ahora (cap. XII, 11-15), las condiciones de la oración perfecta; saltará con toda evidencia a los ojos, que el manantial del espíritu de oración está en la oración bien hecha y concluiremos que toda alma sacará el espíritu de oración de la oración bien hecha; que al paso a que vayan en ella la frecuencia y la perfección de la oración, a ese mismo paso irá también el espíritu de oración.
5. Frutos. Una palabra los compendia todos: LA PERFECCIÓN. Porque el espíritu de oración es, en realidad, la unión con Dios, vivida en el grado mayor de que va siendo el alma capaz. Ahora bien, si tanto más perfecto es un ser, cuanto más se está en su fin, cuanto más está con su principio, cuanto más se mantiene en el medio de que ha de recibir todos los elementos de su vida y desarrollo; al tenernos unidos a Dios en el grado mayor que nos es posible, nos pone el espíritu de oración, en nuestro fin definitivo, Dios; en nuestro principio y origen esencial, Dios; en el medio del que hemos de recibir todos los elementos de nuestra vida y desarrollo, Dios.
6. Al mismo resultado nos llevarán los fórmulas del influjo divino en el alma, tan familiares a S. IGNACIO: tanto más obrará Dios en uno, cuanto más unido esté él con Dios; Dios por su parte, siempre está propenso a derramar sus dones, la disposición de la criaturas es la que los detiene o los desborda sobre ella; cuanto más uno se ligare con Dios Nuestro Señor y más liberal se mostrare con la divina Majestad, tanto le hallará más liberal consigo y él será más dispuesto para recibir cada día, mayores gracias y dones espirituales.
7. Dejando para los artículos siguientes los pormenores, notemos ahora solamente los efectos que, de este espíritu, refluyen en las fuentes de nuestras gracias, la oración y los sacramentos; pues en él tienen la mejor preparación, el mejor apoyo y el complemento mejor para todos sus frutos. No hay ambiente interior que atraiga, atienda, cultive y haga fructificar las luces y mociones divinas, como el espíritu de oración. No hay cosa que así santifique las obras, resista los asaltos, ahuyente las faltas, avive las virtudes, haga dócil a los toques del Espíritu Santo, como el espíritu de oración.
8. Práctica general. Digno de todo deseo, de todo esfuerzo, de todo sacrificio es: veamos ya la práctica de este espíritu. Todo el resto del capítulo, a ella irá consagrado; por eso aquí sólo diremos en sustancia, lo que luego desarrollaremos. Vivir CON Dios, COMO EL NIÑO; CON SU MADRE: a ella va con todo y para todo; si le amenazan, a ella se acoge; si le hacen un regalo, a ella