San Francisco de Sales
devota
Tercera parte de la Introducción a la vida devota
CAPÍTULO XXV
DE LA DECENCIA EN LOS VESTIDOS
Quiere San Pablo que las mujeres devotas (lo mismo se diga de los
hombres) vistan con decoro y se adornen con decencia y sobriedad. Ahora
bien, la decencia en el vestir y en el ornato depende de la materia, de
la forma y de la limpieza. En cuanto a la limpieza, ha de ser siempre la
misma en nuestros vestidos, en los cuales, en la medida de lo posible,
no hemos de tolerar ninguna mancha ni dejadez. La limpieza exterior es,
en alguna manera, el reflejo de la honestidad interior. El mismo Dios
exige la decencia corporal en los que se acercan a los altares y en los
que tienen principalmente a su cargo la devoción.
En cuanto a
la materia y a la forma de los vestidos, la decencia se ha de juzgar
según las diversas circunstancias de tiempo, de edad, de condición, de
compañías, de ocasiones.
Ordinariamente, acostumbrados a vestir mejor
los días festivos, según la importancia de la solemnidad que se celebra;
en tiempo de penitencia, como en Cuaresma, se viste con más sencillez;
en las bodas se llevan trajes nupciales, y en los actos fúnebres se
emplean ropas de luto; delante de los príncipes es menester un mayor
realce, el cual disminuye entre los propios familiares. La mujer casada
puede y debe adornarse delante de su marido; si hace lo mismo cuando
está lejos de él, entonces cabe preguntar a qué ojos quiere complacer
con este cuidado singular. A las doncellas se les permite un mayor
acicalamiento, porque pueden lícitamente pretender agradar a muchos,
aunque no sea más que para conquistar uno solo, para el santo
matrimonio.
Tampoco es reprobable que las viudas que quieren casarse de
nuevo se adornen discretamente, con tal que no se muestren frívolas,
pues habiendo sido ya madres de familia y habiendo pasado por las
tristezas de la viudez, se considera que su espíritu es más maduro y
sensato. Más, en cuanto a las verdaderas viudas que lo son no solo de
cuerpo, sino también de corazón, ningún adorno es más adecuado que la
humildad, la modestia y la devoción, pues, si quieren dar amor a los
hombres, no son verdaderas viudas, y, si no se lo quieren dar, ¿a qué
tantos atavíos? El que no desea huéspedes, ha de sacar el rótulo de su
casa. Nos reímos siempre de los viejos cuando quieren presumir, y ¿por
qué? Por qué esto es una necedad, únicamente tolerable en la juventud.
Seas correcta, Filotea; que no haya en ti dejadez ni desaliño:
sería despreciar a aquellos con los cuales convives, presentarte delante
de ellos con vestidos ofensivos; pero guárdate de la afectación, de las
vanidades, curiosidades y frivolidades. En cuanto te sea posible,
inclínate siempre del lado de la sencillez y de la modestia, que, sin
duda, es el mejor adorno de la belleza y lo que mejor encubre la
fealdad. San Pedro avisa, de un modo particular, a las doncellas que no
lleven los cabellos encrespados, rizados y ondulados.
Los hombres que
son tan débiles de complacerse en estas frivolidades, son llamados, en
todas partes, hermafroditas, y las mujeres que se envanecen por ello,
son tenidas por ligeras en la castidad; si la guardan, a lo menos no se
echa de ver, en medio de tantas trivialidades y bagatelas. Dicen que lo
hacen sin pensar mal, más yo digo que el demonio siempre piensa mal.
Quisiera que mi devoto o mi devota anduviesen siempre mejor vestidos,
pero que, a la vez, fuesen los menos pomposos y afectados, y como dice
el proverbio, estuviesen adornados de gracia, de modestia y dignidad.
Dice brevemente San Luis que cada uno ha de vestir según su estado, de
manera que los discretos y buenos no puedan decir: «Es demasiado», ni
los jóvenes: «Es demasiado poco». Y, si los jóvenes no quieren
contentarse con la decencia, hay que inclinarse al parecer de los
prudentes.
Ave María Purísima
Cristiano Católico 19-12-2012 Año de la Fe
Sea Bendita la Santa e Inmaculada Purísima Concepción de
la Santísima Virgen María