Salmos en clave anagógica

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Salmo 21: Del abismo de la Cruz a la gloria del Reino eterno

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Me han rodeado muchos toros, me acosan como leones. Puedo contar todos mis huesos; me han traspasado las manos y los pies. Se reparten mis vestidos entre sí, sobre mi ropa echan suertes. Mas tú, Señor, no estés lejos; fuerza mía, ven pronto a socorrerme. Anunciaré tu nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea. El Señor no ha desdeñado ni despreciado la pobreza del pobre, no le ha escondido su rostro, sino que ha escuchado su clamor. Se postrarán ante él todos los que duermen en la tierra; se anunciará al Señor a las generaciones futuras, proclamarán su justicia.

Síntesis anagógica

El Salmo 21 es el salmo de la Cruz y de la Resurrección. En clave anagógica, su primera parte es el clamor de Cristo en la agonía del Gólgota —citado explícitamente en los Evangelios—, y su segunda parte es ya el canto de la Pascua. El abandono aparente revela la profundidad del amor redentor: el Hijo entra en el abismo de la muerte para abrirlo desde dentro y convertirlo en puerta de vida. Las manos y pies traspasados, la ropa repartida: imágenes que la Escritura cumple literalmente en la Pasión. Pero el grito no termina en el silencio: termina en la asamblea eterna, donde todas las generaciones proclaman la justicia de Dios y todos los que duermen en la tierra resucitarán ante su presencia. La muerte no tiene la última palabra.

Según Padres de la Iglesia

San Justino Mártir fue de los primeros en señalar que el Salmo 21 es una profecía literal de la Pasión de Cristo: la traspasadura de manos y pies, el reparto de las vestiduras y el escarnio de los presentes. San Agustín contempla en este salmo la voz de Cristo total —cabeza y cuerpo—: la Iglesia que sufre en el mundo participa del clamor pascual del Señor. San Cirilo de Alejandría subraya que el grito inicial no expresa desesperación sino la plena asunción de la condición humana caída, redimida desde dentro por el Verbo encarnado.

Reflexión

El Salmo 21 invita al cristiano a no huir del dolor sino a unirlo al clamor de Cristo en la Cruz. Cuando la oración parece no ser escuchada, cuando Dios parece lejano, el orante está participando misteriosamente del camino pascual del Señor. El abandono percibido es el umbral de la glorificación. Quien persevera en la fe dentro de la oscuridad descubrirá, como el salmista, que el Señor no escondió su rostro sino que escuchó el clamor del pobre.

Síntesis final

El Salmo 21 es el corazón de la espiritualidad pascual: del viernes al domingo, del abismo a la gloria. Todo sufrimiento unido a Cristo lleva en sí la promesa de la resurrección. La Iglesia que ora este salmo anticipa la asamblea eterna donde toda rodilla se doblará y toda lengua proclamará que Jesucristo es el Señor.

Oración

Señor Jesús, que en la Cruz clamaste al Padre y fuiste escuchado, enséñame a no desesperarme en la prueba. Haz que mi dolor, unido al tuyo, se convierta en ofrenda redentora. Que cuando sienta tu ausencia, recuerde que tú estás más cerca que nunca. Llévame, por el camino de la Cruz, a la gloria de tu Resurrección y haz que algún día te alabe para siempre en la asamblea de los santos. Amén.

Aclamación

¡Viva Cristo Rey!
✝️ 💔 🌹

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