El Evangelio según San Juan es muy distinto de los sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). Juan casi no usa parábolas en sentido clásico —historias breves con personajes y trama—, sino discursos simbólicos, imágenes teológicas y alegorías extensas.
Aun así, la tradición bíblica reconoce tres “parábolas” o relatos parabólicos en Juan, más varias imágenes simbólicas que cumplen una función semejante.
No es una parábola corta, sino una alegoría extensa: Jesús es la puerta y el pastor verdadero que da la vida por las ovejas.
Otra alegoría: el Padre es el viñador, Jesús la vid, y los discípulos los sarmientos llamados a dar fruto permaneciendo en Él.
Una imagen parabólica sobre el dolor que se transforma en alegría, aplicada al misterio pascual.
Estas imágenes no son parábolas narrativas, pero cumplen el mismo propósito pedagógico:
Juan no busca enseñar mediante historias breves, sino mediante signos (milagros) y discursos simbólicos que revelan la identidad divina de Jesús. Por eso su evangelio tiene menos parábolas, pero más profundidad cristológica.