"El fruto del Espíritu es: ... bondad" (Gal 5, 22).
"Gustad y ved qué bueno es el Señor" (Sal 34, 9).
La bondad mueve a querer y hacer el bien con rectitud de intención. Se opone a la malicia, al cinismo y a la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.
Moralmente, este fruto crea hábitos de generosidad, justicia y servicio, haciendo del cristiano un signo de la benevolencia de Dios.
Teológicamente, la bondad participa de la bondad divina comunicada por gracia. El Espíritu configura al creyente con Cristo, que pasó haciendo el bien.
La Tradición enseña que la verdadera bondad nunca se separa de la verdad, sino que la hace luminosa y concreta.
En clave anagógica, la bondad anticipa la plenitud del Reino, donde todo será sanado en el amor de Dios.
Este fruto dispone al alma para la comunión eterna con Aquel que es Sumo Bien.
El magisterio subraya la dimensión social de la caridad, que se expresa en obras de bien común, justicia y misericordia. El Espíritu impulsa una bondad activa y responsable.
Los santos muestran que la bondad cristiana es fuerte, humilde y perseverante.
Espíritu Santo, haznos buenos en Cristo.
Purifica nuestras intenciones,
y enséñanos a hacer el bien con verdad,
humildad y constancia. Amén.
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
✝️ 🌍 💔 🌱 🌹