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Corregir al que yerra
«Si tu hermano peca, repréndelo a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano» (Mt 18, 15).
Esta es, quizás, la obra de misericordia más delicada y exigente. No se trata de erigirse en juez del prójimo, sino de un acto de caridad heroica que, motivado por el amor, busca la salvación del hermano que se encuentra en el error o en el pecado.
1. La Motivación: Un Acto de Amor, no de Orgullo
La corrección fraterna solo es un acto de misericordia si nace del amor. Su finalidad no es humillar, demostrar superioridad o "ganar" una discusión.
- Caridad pura: El único motivo válido es el bien del otro. Es amar tanto al hermano que nos arriesgamos a ser malinterpretados con tal de ayudarle a ver la verdad.
- Dolor compartido: La corrección debe hacerse con un espíritu de compasión, sintiendo como propio el daño que el pecado o el error causa en el alma del hermano y en el cuerpo de la Iglesia.
- Imitar al Buen Pastor: Es el mismo celo de Cristo que deja a las noventa y nueve ovejas para ir en busca de la que se ha perdido.
2. El Método del Evangelio: Humildad y Prudencia
Jesús mismo nos enseña cómo practicarla. La forma es tan importante como el fondo.
- Primero, a solas: La corrección debe ser privada, discreta y respetuosa, buscando siempre salvaguardar la dignidad y la buena fama de la persona.
- Desde la humildad: Antes de corregir, debemos examinarnos a nosotros mismos. «Sácate primero la viga de tu ojo» (Mt 7, 5). Somos pecadores que intentan ayudar a otros pecadores.
- Con mansedumbre: La verdad debe decirse con amor. Un tono agresivo, impaciente o arrogante invalida el acto y cierra el corazón del otro.
3. El Fin: La Salvación y la Restauración
El objetivo de la corrección no es la condena, sino la conversión y la reconciliación.
- "Ganar a tu hermano": El éxito de la corrección no es tener la razón, sino que el hermano vuelva a la comunión con Dios y con la Iglesia.
- Sanar el Cuerpo de Cristo: El pecado de un miembro afecta a toda la Iglesia. Corregir es un acto de responsabilidad comunitaria que busca sanar y fortalecer el cuerpo entero.
- Defender la verdad: En un sentido más amplio, esta obra también implica corregir errores doctrinales o ideológicos que pueden dañar la fe, siempre con caridad y respeto.
Corregir al que yerra es una tarea difícil que requiere mucha oración y discernimiento. Es un llamado a ser custodios de nuestros hermanos, recordándoles con amor el camino de la verdad y la vida, y estando siempre dispuestos a acogerlos con la misma misericordia con la que Dios nos acoge a nosotros.
//viva Cristo Rey\\