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Perdonar las ofensas

«Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores... Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial» (Mt 6, 12.14).

Esta obra de misericordia es el corazón del mensaje cristiano. No es una opción, sino una condición que Jesús establece para recibir la misericordia de Dios. Perdonar al que nos ofende es uno de los actos más difíciles y, a la vez, más liberadores de la vida espiritual.

1. El Perdón: Una Decisión Divina, no un Sentimiento Humano

El perdón no es sentir que la ofensa ya no duele. Es una decisión de la voluntad, sostenida por la gracia, de no guardar rencor y no desear el mal a quien nos ha herido.

  • No es olvidar: El recuerdo de la herida puede permanecer, pero el perdón le quita su veneno y su poder sobre nosotros.
  • No es justificar: Perdonar no significa decir que lo que ocurrió estuvo bien. Significa separar a la persona de su acción y amarla a pesar de su falta.
  • Es un acto de voluntad: Es elegir, una y otra vez si es necesario, cancelar la "deuda" que el otro tiene con nosotros, imitando a Dios que no nos trata según nuestros pecados.

2. La Medida del Perdón: La Cruz de Cristo

La capacidad de perdonar no nace de nuestra propia bondad, sino de la conciencia de cuánto hemos sido perdonados primero.

  • Mirar la Cruz: Desde la Cruz, Jesús nos da la lección definitiva: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34). Él perdona en medio del dolor extremo y la injusticia total.
  • Recordar la Parábola: La parábola del siervo sin entrañas (Mt 18, 21-35) nos enseña que nuestra deuda con Dios es infinitamente mayor que cualquier deuda que un hermano pueda tener con nosotros. Negarse a perdonar es una ingratitud ante la inmensa misericordia recibida.
  • Pedir la Gracia: El perdón humano tiene un límite. El perdón cristiano es un don sobrenatural que debemos pedir humildemente a Dios.

3. Perdonar para ser Libres

El rencor es una cadena que nos ata a la persona que nos ofendió y nos mantiene prisioneros del pasado. El perdón es la llave que rompe esa cadena.

  • El principal beneficiado es uno mismo: Al perdonar, nos liberamos del veneno del odio, la amargura y el deseo de venganza, que solo nos destruyen por dentro.
  • Abre el corazón a la paz: Mientras no perdonamos, nuestro corazón está cerrado a la paz de Dios. El perdón es el acto que reabre el alma a la acción sanadora del Espíritu Santo.
  • Restaura la comunión: El perdón es el primer paso indispensable para la reconciliación, tanto con Dios como con los hermanos.

Perdonar las ofensas es la obra de misericordia que más nos asemeja a nuestro Padre celestial, "lento a la ira y rico en piedad". Es un camino difícil, pero es el único camino hacia la paz del corazón y la vida eterna.


//viva Cristo Rey\\