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Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
«Sobrellevaos mutuamente con amor. Esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz» (Ef 4, 2-3).
Esta obra de misericordia es una de las más cotidianas, difíciles y fecundas. Se practica en el día a día, en la convivencia familiar, laboral y comunitaria. No se trata de una resignación pasiva, sino de un acto heroico de caridad que imita la infinita paciencia de Dios con nosotros y construye la verdadera comunión.
1. Un Acto de Humildad y Realismo
La impaciencia ante los defectos ajenos nace, a menudo, del orgullo y de la falta de autoconocimiento. Esta obra nos llama a ser realistas:
- Mirarnos en el espejo: Antes de juzgar la paja en el ojo ajeno, debemos reconocer la viga en el nuestro (Mt 7, 3-5). Recordar nuestros propios defectos y pecados nos hace más compasivos con los demás.
- Recordar la paciencia de Dios: ¿Cómo podemos ser impacientes con nuestro hermano, cuando Dios tiene una paciencia infinita con nosotros? Cada vez que soportamos un defecto ajeno, estamos devolviendo una pequeña parte de la misericordia que recibimos sin medida.
- Aceptar la imperfección: Esta obra nos libera de la pretensión de que los demás sean perfectos. Aceptar la fragilidad del otro es un acto de amor realista.
2. La Paciencia como Amor Heroico
La paciencia cristiana no es debilidad, sino la fortaleza del amor. San Pablo lo define: «El amor es paciente» (1 Cor 13, 4). Es una decisión activa de la voluntad.
- Soportar es "sostener": La palabra "sufrir" o "soportar" aquí significa "sostener desde abajo", como una columna sostiene un edificio. Es ayudar al otro a llevar el peso de su propia debilidad.
- Ver a Cristo en el hermano: La paciencia se hace posible cuando vemos más allá del defecto y contemplamos en el otro la imagen de Cristo, un hermano por quien Él derramó su sangre.
- Cubrir, no exponer: La caridad "cubre la multitud de los pecados" (1 Pe 4, 8). En lugar de criticar o chismorrear sobre los fallos de los demás, esta obra nos llama a cubrirlos con un manto de silencio y oración.
3. Un Camino de Paz y Santificación
Quien practica esta obra es el primer beneficiado. La impaciencia y la ira nos roban la paz interior mucho más que los propios defectos del prójimo.
- Custodiar el propio corazón: Al reaccionar con paciencia, evitamos que el veneno de la amargura y el resentimiento entre en nuestra alma.
- Morir a nuestro ego: Soportar lo que nos molesta es una forma concreta de negarnos a nosotros mismos y de dejar que Cristo reine en nuestro corazón. Es una escuela de humildad y mansedumbre.
- Construir la comunidad: Sin esta obra de misericordia, ninguna familia, amistad o comunidad puede sobrevivir. Es el cemento que une las "piedras vivas" de la Iglesia.
Sufrir con paciencia los defectos del prójimo transforma las pequeñas molestias diarias en oportunidades de crecimiento espiritual. Es un camino lento y a veces doloroso, pero seguro, para purificar nuestro amor y hacerlo cada vez más semejante al de Cristo, que nos soporta a todos con una paciencia infinita y misericordiosa.
//viva Cristo Rey\\